Mostrando entradas con la etiqueta Fujimori cobarde. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Fujimori cobarde. Mostrar todas las entradas

martes, 10 de marzo de 2009

La derecha y el antisistema

Con la aparición de cada nueva encuesta sobre la intención de voto del electorado peruano, aparecen con justificadísima razón personajes que reniegan de su propio origen político y advierten, con la debida anticipación, de posibles “golpes democráticos”. Mezclan y tergiversan a su antojo realidades tanto nacionales como exteriores, acomodándolas a sus escasos recursos y herramientas de manejo conceptual de análisis de la situación del país. El último gran golpe “democrático” naturalmente fue el que instrumentó el gobierno de Fujimori, y que trajo como consecuencia una de las dictaduras más corruptas en la historia del Perú, que destruyó casi todas las instituciones del Estado peruano. Ahora los reciclados de la política de la derecha pretenden asustar con posibles golpes de imaginarios outsiders, que al parecer aparecerían para las elecciones del 2011. Entre los posibles candidatos a la presidencia para el 2011, Lourdes Flores y Ollanta Humala ya participaron en las elecciones de 2006 y por lo tanto el carácter de outsider no es posible aplicárseles; ya son “caseritos” del sistema electoral peruano. Ahora bien, en estricto sentido tampoco Castañeda y Keiko Fujimori tienen esa característica, pues ellos ya tienen una dilatada participación política. En su momento el ex Presidente Toledo sí fue un verdadero outsider y ganó las elecciones y en ese coche se auparon muchos de los que hoy reniegan de aquella gesta. Queda claro entonces que el tema para la derecha no es el outsider, sino la ideología que profesa. De lo contrario, tendría que renegar de Pedro Pablo Kuczynski, quien ha sido lanzado como un verdadero outsider de la derecha. Resulta que para los negociantes o mercantilistas del sistema ahora tampoco la democracia es el mejor de los sistemas, pues solamente es válida cuando los resultados electorales son favorables a sus intereses, y se mofan sin ningún escrúpulo del sistema, de sus instituciones y de las leyes existentes y no escatiman nada e incluso llegan a burlarse de los dispositivos legales para favorecer a familiares, sacándoles la vuelta a las licitaciones. Es decir que son los perfectos antisistemas, pero para la corrupción, y luego tienen el desparpajo de alertar a “sus” demócratas, ergo corruptos como ellos, para “formar la unidad nacional que prevenga y evite los lamentables” proyectos nacionalistas que ganan terreno en toda la región latinoamericana. Félix Morrow

Colaborador

Fuente : La Primera

viernes, 6 de marzo de 2009

El kimono de un cobarde
Alberto Fujimori, valiente tío, es un cobarde.
Lo demostró cuando un grupo de militares constitucionalistas intentó deponerlo: corrió a refugiarse en la Embajada de Japón.
Cuando el peligro había pasado, telefoneó, temblorosamente, a su brazo derecho: -Vladimiro, ¿ya puedo salir?
En el próximo Día Internacional de la Mujer las damas deberían recordar lo que él hizo con Susana Higuchi, su esposa, a la que encerró e incomunicó primero, y luego impidió el acceso a su hogar, en Palacio.
A renglón seguido la hizo perseguir por agentes de Inteligencia.
Doña Susana ha informado que éstos llegaron a torturarla.
La cobardía puede ser un virus contagioso.
¿La señora Keiko Fujimori ha olvidado esos episodios?
¿Ha olvidado que su padre se jactó de esa bajeza cuando recordó que su hazaña era comparable con la de Carlos Saúl Menem, el valeroso mandatario y ladrón argentino que prohibió el ingreso de su esposa, Zulema Yoma, a la residencia presidencial?
El mismo ánimo mostró Fujimori después de que los secuestradores del MRTA habían sido victimados en la Embajada del Japón.
Inolvidable es su gesto de triunfador paseando sobre cadáveres.
Alcanzó toda la altura de su bajeza cuando envió por fax desde un país asiático su renuncia al cargo más alto de la República.
No quiso regresar al Perú, para asumir sus crímenes y su traición al país que lo había encumbrado.
La cobardía de Fujimori se ha exhibido en muchas otras ocasiones.
Por ejemplo, cuando, refugiado en Chile, echó a los militares la culpa de la represión y las matanzas ocurridas bajo su presidencia y que él había ordenado.
Estos pusilánimes, que son feroces cuando ejercen el poder, se parecen hasta en el miedo que le tienen a la justicia.
Menem se niega a comparecer ante la Corte que lo juzga por el artero contrabando de armas enviadas a Ecuador durante el conflicto del Cenepa.
El arsenal, el voluminoso arsenal, estaba destinado a matar peruanos y a poner en peligro nuestra integridad territorial.
Por su parte, Fujimori, amilanado colega de Menem, tiembla ahora ante la idea de pasar largos años en la cárcel, él, a quien no le temblaba el pulso para ordenar el asesinato de campesinos y estudiantes, y la prisión de inocentes.
Cuando los fujimoristas hablan de cobardía están mentando la soga en casa del ahorcable. Fujimori es un caso de cobardía agravada.
Por eso se refugió durante años en la nacionalidad japonesa y buscó, con módica fortuna, un asiento en la Dieta japonesa.
Por eso se escondió bajo las faldas de una mujer cuando disfrutaba en Japón de la ostentosa riqueza que había acumulado en el Perú, no precisamente mediante el trabajo.
Keiko debe de saberlo.
La cobardía no es rasgo típico de los varones japoneses.
En ese sentido, Fujimori es un japonés desnaturalizado.
César Lévano cesar.levano@diariolaprimeraperu.com
Estrategia de Nakazaki para dejar impune a Fujimori. Preparan cárcel dorada e indulto Nakazaki también busca indulto como recurso.
Informes llegados a esta redacción aseguran que algunos personajes del fujimorismo están buscando una residencia similar a la de “Chicureo” o de la casa de la “Colina de Peumo” en Chile, para hospedar a su líder luego que termine en abril el proceso en su contra, con una condena más o menos severa, que se convertiría unos meses después en arresto domiciliario, en la sala revisora de la Corte Suprema, instancia de apelación última y definitiva.
Lo que se especula es que los vocales de la Sala Especial Penal dictaminarán que Fujimori incurrió en diversos delitos que pueden ir desde lo mínimo que es la omisión de decisiones que podrían haber detenido la actuación de Montesinos y el Grupo Colina, el abuso de autoridad, la usurpación de funciones, etc., hasta la complicidad en asesinatos y otras violaciones de derechos humanos.
Así, dictarían una sentencia que podría ubicarse por debajo de los 30 años que pide el Ministerio Público, por diversas consideraciones: tipología del delito, intenciones de la decisión (pacificar el país), nivel de información, edad del acusado, etc.
Por cierto que todos leeremos que se condenó al bandido, pero una sentencia atenuada puede ser un puente para que la siguiente instancia ajuste el dictamen final a los intereses políticos del régimen.
La apuesta sería en este caso que la sentencia final (inapelable) imponga una condena que ya vendría relativamente atenuada.
Es sobre este terreno que se está especulando que la fórmula definitiva conduzca al ex dictador a una cómoda prisión domiciliaria para pasar los siguientes años, a la espera que, con aires más favorables, se le pueda terminar indultando con argumentos de edad, salud o lo que sea.
Claro que para entonces ya habría otro gobierno.
La estrategia del Nakazaki ha quedado muy clara a lo largo de su interminable alegato de defensa.
Hay que politizar al máximo el caso Fujimori y obligar a resolverlo sobre tres premisas básicas: (a) Ha habido un juicio mediático (o sea de los medios de comunicación) que ya condenó a su cliente y si el tribunal vota por la culpabilidad se habrá sometido a esa instancia; (b) Todos los hechos del gobierno de los 90 han estado enmarcados en una base de legalidad (lo que lleva al tema del autogolpe del 92 y a la supuesta legitimidad del presidente para encabezar un gobierno de emergencia y reconstrucción nacional, que anuló a otros poderes del Estado).
Por tanto, sólo puede juzgarse a Fujimori sobre la base de aquellas decisiones que adoptó de manera explícita, dejando constancia de cada una de ellas; (c) Puestos en el balance de la historia, los hechos que se presumen positivos del gobierno fujimorista (derrota del terrorismo, fin de la hiperinflación) son superiores a los negativos (violación de derechos humanos, corrupción).
La sala que preside el Dr. San Martín sin duda no está hecha de tontos que se van a someter a estos argumentos.
Pero lo que interesa es hacer que una muy probable sentencia condenatoria quede marcada, tanto como sea posible, de estas dudas políticas y haga comprensible que la revisión posterior se allane a rebajar la condena hasta hacerla mucho más digerible.
Cuando la Suprema de Chile dispuso remitir al Perú el paquete Fujimori, la alianza política entre el APRA y los seguidores del ex dictador ya había avanzado considerablemente.
García no podía prescindir de los votos anaranjados en el Congreso y el frente del orden, que existe sin estar declarado desde el año 2006, ya tenía como uno de sus puntales básicos al fujimorismo, que cuenta con un cierto arraigo en poblaciones pobres y muy pobres.
Pero, por más ficción de autonomía que se pretenda asignar al Poder Judicial, lo que el país se pregunta es: ¿cómo podrá juzgar el gobierno aprista a su principal aliado, por crímenes de los que fácilmente podría ser igualmente acusado?
Poco a poco hemos visto que se ha permitido un juicio imparcial, en el que se ha escuchado de todo y a todos.
Ahora viene la hora de sentenciar y lo que casi nadie espera es que la sala pueda declarar inocencia, así quisieran algunos de sus integrantes, porque eso significaría un alto costo político para ellos y el fin de varias aspiraciones (¿San Martín presidente de la Suprema?).
Además habría una serie de muertos que se quedarían sin explicación.
Raúl Wiener
Unidad de Investigación
Fuente: La Primera